Skip to main content

Antes de comenzar esta lectura, quiero invitarte a preparar una taza de té o de cacao. Respira profundo, haz una pausa y acompáñame en este recorrido que no es solo mío, sino también de todos los que, de alguna manera, hemos sentido el llamado de vivir en armonía con la tierra.

Creo que todo en la vida comienza con el amor.

El amor por uno mismo, por los demás, por la naturaleza y por lo invisible que nos une.

Si miro hacia atrás, puedo decir que el amor y mi obsesión por vivir en coherencia me ha traído hasta aquí. Este camino ha sido una búsqueda constante, la de habitar la vida de una manera más consciente, más simple y más respetuosa.

Hola, soy Laura Castro, cineasta y artista multidisciplinar. A lo largo de mi vida he usado distintos lenguajes ( la cámara, los tejidos, la escritura, los tintes naturales…) para contar historias que despierten sensibilidad y conexión.
Pero más allá de artista, soy una persona curiosa. Me gusta observar, cuestionar, transformar.
Y en esa búsqueda de sentido comenzó también mi historia con la sostenibilidad.

En 2018 hice un viaje por el Mediterráneo, y fue allí donde escuché por primera vez sobre el movimiento Slow Fashion y sobre términos que cambiarían para siempre mi forma de ver el mundo: Fashion Revolution, Ethical Fashion y
Consumo Consciente.

Aquellas palabras resonaron tan fuerte en mí que supe que no había vuelta atrás. Empecé a preguntarme de dónde venían las cosas que usaba, quién las hacía y a qué costo, no solo económico, sino también humano y ambiental.

Decidí hacer un cambio. De golpe, con decisión. Empecé por lo más sencillo: lo cotidiano. Cambié mi pasta dental, mi shampoo, mi jabón, mi cepillo de dientes. Luego vino la ropa, dejé de usar fibras sintéticas y comencé a vestirme
con prendas naturales, teñidas con plantas o en el color crudo de la fibra. Mi armario se convirtió en un reflejo de mis valores, y con el tiempo, también mi cocina.

Ese paso ha sido el más desafiante, porque lamentablemente vivimos en una época donde casi todo está envuelto en plástico, incluso los alimentos. Pero la alimentación es nuestra conexión más directa con la tierra; lo que comemos se convierte en nosotros. Cambiar mi forma de alimentarme ha sido una lección de paciencia y constancia. A veces implica cocinar más, planear mejor o renunciar a ciertas comodidades, pero cada vez estoy más convencida de que el futuro está en volver a lo esencial, cultivar lo que comemos, compartir, valorar lo simple.

Como artista, entendí que la sostenibilidad no es solo una práctica, sino una forma de mirar la vida.

Fue así como llegué al universo de los tintes naturales.

Comencé experimentando por curiosidad, pero pronto me encontré inmersa en un mundo de colores, aromas, texturas y energía.

Descubrí que teñir con plantas es una conversación constante con la naturaleza, un acto de respeto y de escucha.

Cada vez que veo surgir un color sobre una fibra, siento el mismo asombro que la primera vez. Es un ritual, es magia pura. Y compartirlo con otros ha sido una de las mayores alegrías de mi camino.

Esa pasión me llevó a viajar por el mundo en busca de nuevas técnicas, procesos y saberes. En los últimos años he aprendido junto a comunidades artesanas y artistas locales en más de treinta países. Cada encuentro ha sido un espejo distinto, una forma de reconocerme en los otros y de reconectar con la esencia de lo humano.

Integrar todos los caminos en estilo de vida sostenible no sucede de un día para otro, requiere tiempo, paciencia y, sobre todo, amor.

El cambio comienza con pequeños actos, elegir un producto de forma consciente, sembrar una semilla, preparar tus propios alimentos, reparar algo en lugar de desecharlo.

Son gestos sencillos, pero cada uno de ellos teje una red de coherencia y equilibrio.

Durante mis años nómadas fue difícil sostener este ritmo, pero cada territorio me enseñó algo sobre cómo volver al centro, cómo reconectar con lo esencial.

Hoy, al tener nuevamente un hogar, siento que es momento de arraigar todo lo aprendido, cuidar la casa, el cuerpo y los sentidos como extensión de la tierra.

Porque vivir en armonía no es una meta, es un proceso, un camino que florece lento. Y como toda semilla, necesita amor, luz y tiempo.

No importa donde des el primer paso, la cocina, el armario, el jardín o el pensamiento.

Solo siembra la semilla.

Y déjala florecer a sus tiempos.

El cambio verdadero nace del amor.

Y el amor, cuando se cultiva, lo transforma todo.

Así que empieza por amarte a ti y a tu entorno.